Si hay algo gratificante en el negocio de Tabernero, son sin duda los parroquianos asiduos agradecidos. Aquellos que se trasladarían junto a la máquina de tabaco y los taburetes.
Tan parte de la taberna cómo el primer azulejo. Cuesta recordar si llegaron antes o después de que comenzase mi etapa en Los Olvidados.
Las noches de los viernes son el momento propicio semanal para encontrar a algunos de los más señalados "VIPs". Al calor de una cerveza helada, se calientan las lenguas y los corazones.
Es difícil elegir a la gente que nos rodea, dicen. Pero yo no creo que sea así, es más, creo que es justamente al contrario. Son ellos quienes nos eligen , quién decide quedarse o no a nuestro lado.
Jamás hubiese elegido en mi vida a muchos de los que frecuentan la barra, seguramente nunca se hubieran cruzado nuestros caminos de no ser por este recodo de la ciudad, este pequeño "hogar".
Sin embargo, ahora no cambiaría su presencia por nada. Ellos son la Taberna, en su más pura esencia.
Este tugurio sólo sería eso, un garito oscuro, si no fuese por las almas que se dejan caer con asiduidad. Caras conocidas que se reúnen en torno al fin de semana, personajes ilustres tristemente desconocidos.
Un imprescindible de los viernes es nuestra amada Brigitte. En realidad es muy seguro que se llame Brígida.....o algún otro nombre clásico del estilo, pues es de un pequeño pueblo de Cuenca.
Su apodo se debe a que en sus mejores años, (antes de que la edad, los ansiolíticos, antidepresivos, adelgazantes, maquillajes, cantidades ingentes de cigarrillos y otros vicios inconfesables la convirtieran en la mujer que hoy es ) era vedette en uno de los espectáculos con más tirada de la ciudad, y utilizaba este nombre francés como alter ego artístico.
Brigitte no tuvo una vida feliz, a pesar del dinero y la fama efímera. Muy joven abandonó su hogar, seguramente por abusos y otros problemas familiares derivados de los desequilibrios de su padre
( un alférez del ejército según cuentan..) , y las continuas e insoportables rachas de histeria de su madre, una mujer chapada a la antigua, envidiosa , picajosa...con malicia.
Una noche de viernes bien entrada la madrugada, nos contó que en sus primeros años en la ciudad, perdió la inocencia en las calles. Trabajaba para un hispano, que pasados unos años murió en un ajuste de cuentas de dificil esclarecimiento. ( muchos aún creen que fueron sus propias chicas) .
Durante esa época, Brigitte, aún sin el seductor seudónimo galo, se convirtió en una chica precavida, delicada pero muy inteligente. Despierta, con los ojos siempre abiertos y la boca cerrada.
Sus historias son la mayoría de las veces un desgarrador testimonio de una presa que sobrevive en un mundo de depredadores. Todo tipo de perturbados y aprovechados se han cruzado en su camino.
Y aunque pueda parecer mentira, se acentuaron con su llegada al espectáculo. A los perros callejeros se les ve venir....una vez ves uno, los has visto todos. Pero en la farándula, los cerdos te seducen con dinero y promesas de estrellato. Para una chica joven y muy hermosa , cómo demuestran las fotos que a veces nos muestra, es difícil no caer en los anzuelos de estos pescadores sin escrúpulos.
El chantaje sexual es un episodio que se ha repetido innumerables veces en la triste existencia de esta mujer, a la que todos respetamos; veneramos incluso.
Ninguno de nosotros es capaz de rebatir un argumento, pero no por miedo, sino porque habla con tal vehemencia y seguridad , que acabas convencido sin apenas darte cuenta.
Siempre bebe Limoncello en vaso largo, una vieja costumbre que suponemos arrastra desde sus tiempos en el "show". Jamás le hemos preguntado su edad, ni tan siquiera es una idea que se nos pase por la cabeza, dadas sus circunstancias de deterioro y carácter agriado con los años, pero calculamos que estará cerca de los 70. No es difícil dada su facilidad para recordar fechas cuando cuenta sus miserias o desventuras, se trata de unir cabos.
Sea lo que sea, ninguno nos atreveriamos a juzgar ni criticar el pasado de Brigitte. La hemos conocido ahora, siendo tal como es. Una persona segura, que no obstante carga con el peso de la vida.
Nosotros sólo somos secundarios en esta última actuación como "vedette", la más real que haya hecho nunca. Y como tales, sólo podemos facilitarle el camino. Tal vez nunca llegue a ser feliz, y ya sea tarde para ella. Pero nos aseguraremos de que los ratos que pase aquí, se sienta como la estrella más brillante e imperecedera de todo el firmamento.