Aquel hombre menudo y misterioso , cubierto por el chubasquero, comenzó a relatar parte de su vida, sin dejar de fijar la vista en aquella pantalla invisible que era la pared, visualizando momentos, absorto en las imágenes que pasaban por su cabeza.
- Aún recuerdo mi primer contacto con la mar...- decía nostálgico- .. Fué hace más de 60 años, yo tendría unos dieciseis o diecisiete. Mi padre murió, y mi madre no podía mantener a los seis hijos ella sola, así que me tocó volar pronto del nido. De familia marinera, no me fué dificil encontrar un trabajo de peón en un pesquero gallego.
Al principio, todo era un constante observar y aprender. La mar nos habla, hijo. Y el cielo, y las nubes. Con el tiempo, supe ver una tormenta a muchas millas de distancia, a sentir las mareas y las corrientes. A prever los cambios de tiempo observando a las aves, o con una simple mirada analítica al cielo.
Aún así, es habitual verse atrapado en tormentas y galernas. La fuerza de la Naturaleza es imprevisible, incluso devastadora si se lo propone. Tengo la imagen nítida de mi primera gran tormenta a bordo. - seguía sin mirarme, como si hablase con aquella pared y no conmigo.- Estábamos cerca de las costas noruegas , en un atunero, y yo tan sólo era un joven aprendiz, cargado de dudas y proyectos. Fué una tormenta insufrible, cayeron miles de litros de agua, con una furia inimaginable.
Dos compañeros del pesquero perdieron la vida aquel día. La mar no entiende de inocentes, ni de víctimas. Sigue su curso, no hace luto por nadie. Sin embargo, yo pensé en abandonar.
Jamás había visto nada similar, y el fallecimiento de mis colegas fue un duro golpe a mi inocencia postadolescente. Muy poco me faltó para cambiar de rumbo, para virar el timón de mi vida hacia otros mares, o mejor dicho, a tierra firme. Pero...¿ sabes ? .... De alguna forma...supe que en el azul infinito estaba mi vida. Sabía que añoraría las gaviotas, el salitre en la piel , la brisa del amanecer en alta mar. Extrañaría las nasas, las redes y los arpones. Las cámaras de hielo cargadas de anchoas, los inmensos atunes de los mares del Norte.... Así que volví, durante toda mi vida me dediqué a ello.
Y viví mil tormentas como aquella, diez veces más crueles que la que está cayendo ahi fuera , muchacho....- hizo una pausa, y se escuchó la lluvia caer , ensordecedora, más fuerte que nunca, como queriendo rebatir su juicio, haciéndose notar- .
En circunstancias como aquellas, y después de muchos compañeros caidos , y momentos de duda, llega un momento en el cual te sientes invencible. Cuando ves que todos se van yendo...y tú sigues, sientes que ninguna galerna podrá hundirte, jamás irás a pique..... Y nada más lejos de la realidad.
Hace unas semanas, hubiera hablado contigo de otra manera, te hubiera asegurado que nada acabaría conmigo. Ni las tormentas, ni la mayor ballena de todos los oceanos, ni las tierras más gélidas del planeta. A pesar de mi edad, hubiera jurado ser inmortal.
Y.....muy a mi pesar, hace dos lunas, sufrimos la tormenta más grande que haya visto en mis casi ochenta años. Nada que ver con la de hoy, ni con ninguna que haya imaginado mi mente soñadora.
Una niebla lo dificultaba todo, estábamos a ciegas. Los dispositivos electrónicos no funcionaban, no teníamos radares, ni radio. Estábamos perdidos, aislados y a la deriva, y sin embargo las fuerzas del cielo nos atacaban con toda su potencia.
El pesquero chocó contra una gran roca, que abrió la grieta que nos condenaría. La impotencia que sentía es indescriptible, en ese preciso momento, todos mis sentimientos de invencibilidad se disiparon.
Supe que seria el fin, no quedaba esperanza para el atunero, ni para ninguno de sus pescadores, ni siquiera para mí, que ahora lo capitaneaba....
Irremediablemente, y en medio de aquella condenada ventisca neblinosa, nos hundimos.
- El anciano hizo otra pausa, esta vez más larga, y bajó la mirada a los pies, negando con la cabeza-
Ninguno de nosotros consiguió salir de allí con vida.......
No pude evitar reirme. - JAJAJAJA....Vamos hombre.....está usted diciéndome que está muerto?
- Muchacho.....Uno nunca muere, mientras quede alguien que lo recuerde.
No dije nada más.....El anciano se levantó del taburete con calma, dejó una moneda sobre la barra, y tras despedirse, se marchó. Por alguna razón , sus últimas palabras me habían paralizado.
Me quedé embobado, mirando cómo se alejaba, avenida abajo, mientras la lluvia lo acogía en sus brazos, silbando una pegadiza melodía marinera que aún hoy escucho en mis sueños.
Al día siguiente, lo vi por segunda vez. Más bien vi su cara , su inconfundible rostro octogenario , ajado y curtido por la acción del mar, pintado de experiencias y conocimientos.
Era una esquela en el periódico local. Todos los miembros del atunero "NUBE" estaban allí, juntos como siempre, sonrientes.
Oficialmente fallecidos, pero realmente nunca muertos, puesto que mientras yo viva, seguirán vivos en mi recuerdo, y en todos aquellos que leyeran este relato.
FIN
¡Enhorabuena!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho la forma de relatar, que te envuelve y te conduce por cada párrafo en busca de un final que sorprende y en nada decepciona.
La incertidumbre me traía de la mano a este jardín del que he salido acompañado por una respetuosa admiración.
PD: Como no sé cómo va esto de los blogs, pongo anónimo, pero un saludo de Sarrat ;)
Dicen que hay tres muertes, la primera es cuando fallece tu cuerpo, la segunda es cuando ya no queda nadie que te recuerde, la tercera es cuando desaparece absolutamente todo lo que tú has hecho directamente: tus escritos, tus objetos, una pared en la que había una huella tuya... todo. Quién sabe si Internet nos retrasará la tercera muerte, pero tu relato nos habla de la segunda, el olvido absoluto. Me encanta cómo bordeas con sencillez estos temas tan duros de una manera tan fácil y amena, no dejes de escribir, me encanta.
ResponderEliminarVaya, no esperaba un final así! Preciosa la historia, me ha cautivado. Has conseguido que nos veamos en mitad de esa tormenta, mojándonos y siendo testigos de que el barco se hundía. Tu forma de relatarlo es preciosa, con las palabras adecuadas en cada frase. Enhorabuena, me gusta la profundidad con la que escribes y es un relato o una historia preciosa. Por favor, no dejes de escribir, deja que aflore toda tu imaginación y ese mundo interior que a todos nos fascina.
ResponderEliminar