Hace unas semanas que llegó por primera vez a la Taberna de los Olvidados el personaje del que hablaré a continuación. Su paso fué leve, su recuerdo sin embargo, imborrable.
Recuerdo que llovía intensamente afuera. El caer del agua ensordecía cualquier sonido que se produciese en la calle, y comenzaba a ser preocupante. Era una tarde tormentosa horrible, de viento y fuerte lluvia. La mayoria de alcantarillas no aguantaban estas condiciones, por lo que algunas zonas bajas de la avenida se estaban inundando.
De vez en cuando se dejaba adivinar entre el ensordecedor llover, alguna sirena. Servicios de emergencias, bomberos y ambulancias, que trabajaban a destajo durante el temporal.
No había pasado nadie por la Taberna en todo el día, cosa completamente normal, teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas. La gente , en dias así, se queda en su hogar y piensa. Son dias de melancolía y recogimiento, de encuentro con uno mismo.
Y en ello estaba yo, pasando pasivamente un trapo húmedo por las mesas, por tercera vez en el día, no con el objetivo de dejarlas limpias ( ya lo estaban) , sino con el afán de matar el tiempo.
La melancolía, y el pensar , pueden ser beneficiosos , enriquecedores. Pero si los pensamientos son tristes, son miedos, son dudas.....entonces es mejor ocupar el cerebro en otras cuestiones vanales, como abrillantar una y otra vez la barra y las mesas, a pesar de no haberse usado.
Tan absorto estaba en la "limpieza" , que ni siquiera oí que alguien entraba. Cómo ya he dicho, el incesante rugir del agua cayendo lo silenciaba todo, se convertía en un hilo musical hipnótico.
No sabía cuanto tiempo había transcurrido, estaba de verdad abstraido en mi labor inútil.
El caso es que al girarme, me sobresalté al descubrir en uno de los viejos taburetes a un anciano enjuto, cubierto con un enorme chubasquero oscuro. Estaba empapado, y miraba hacia mi con una sonrisa , no sabía desde hace cuánto me observaba.
Era un hombrecillo pequeño, que menguaba aún más tapado con aquel desproporcionado traje de agua negro. Tenía los ojos pequeños y hundidos, y la piel seca y arrugada. En cada una de sus arrugas se adivinaba el paso del tiempo, aquel hombre era sin duda muy mayor, pero no veía a simple vista ningún vestigio de cansancio o resignación. Parecía un hombre muy vital, con miles de experiencias en su macuto.
Pedí disculpas por no haberlo visto antes, a lo que el viejo respondió con una sonrisa de aprobación, y un irónico comentario sobre el abundante trabajo en un día soleado como aquel.
El hombre pidió un whisky, sin hielo añadió, y se lo serví amablemente, haciendo un estúpido comentario sobre la lluvia, algo que era evidente para él, que venía del exterior.
Es curioso como nuestra mente tiende a hablar siempre del clima para romper la tensión que produce el encuentro entre desconocidos en un lugar cerrado.
Sin embargo, aquel comentario tan absurdo, abrió la caja de los recuerdos del anciano.
- He visto tormentas peores....muchacho- dijo. Y se quedó mirando a la nada, evocando momentos.
- ¿ Es usted marinero?- pregunté. El enorme chubasquero, la piel curtida del hombre, aquellas botas de agua y un sútil olor a pescado me hicieron sospecharlo.
- Lo fui hijo.....lo fui....- y de nuevo se quedó mirando a la pared vacía, pero esta vez, tras una pausa corta, comenzó a relatar su historia. Una historia que rompió el solitario ambiente de la Taberna.
Protegidos por la lluvia, escuché cada detalle de su relato, en silencio, asintiendo con la cabeza, mostrando respeto por aquel anciano marino , portador de experiencia , salitre y brisa marina.
Continuará..............
Interesante primera parte de esta historia. Está escrita con el corazón, se nota muchísimo. Ay, casi sentía lluvia en mi piel y la escuchaba caer. ¿Qué historia narrará el hombre? Por todo lo que cuentas, parece muy interesante, curtido en mil batallas y aventuras. Yo diría que un hombre sabio. ¡Que no tarde en llegar la segunda parte!
ResponderEliminarEscribes muy bien, no sé si repasas mucho lo escrito, pero cada palabra está escogida con acierto, y al leer el relato da frío y se siente la humedad, al tiempo que agobia la tarde sin nadie en la Taberna, donde tú mismo eres el oyente y el narrador. Logras que nos interese ese viejo marinero, pienso en Haddock, el compañero de Tintín, aunque no sea ni tan viejo ni tan delgado pero, ¡quién sabe! Tal vez ahora sí lo sea... Seguro que su historia merece toda nuestra atención.
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